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Cuando un artista o un artesano están "manos a la obra" los envuelve una energía especial?MUSAS?...
ANGELES?...DUENDES?...Tal vez sí, talvez, no. Cuando están en su labor, hay una entrega, una
conexión, difícil de definir con palabras?hay un nosequé que los envuelve, los hace brillar, gozar,
crecer...
Podría asegurar, sin temor a equivocarme, que cuando vuelven, ya no son los mismos: no importa si la
pieza resultó según lo previsto, o si la melodía se acompasó a la orquesta? si la pintura refleja lo
que había elegido, o si fueron más allá?se transformaron en el intento, mucho más allá del resultado
concreto.
Muchas veces andamos por la vida sin haber probado nunca cual es nuestra propia vertiente creativa. Y
no será nuestra cabeza quien elija cuál es nuestra manera, será el corazón?Como Euge cuando vio
Gost, que supo que haría cerámica, que ese es su camino, y ahora ya tiene el horno, y le brillan los
ojos cuando lo cuenta. O como Ana, cuando la vi en el escenario por primera vez, con el cuarteto de
cuerdas, ejecutando?o como Lili que se transforma , es ELLA cuando habla de sus manualidades...
Ellos se elevan, vuelan, y te arrastran con ellos, son felices a través de su tarea, ¡qué bueno que
puedan hacer de su don y su alegría también su trabajo! .
Muchos ya estamos realizando otras tareas, a veces rutinarias, otras muy exigentes, y tal vez, en
algún rincón esté agazapada nuestra manera de crear, de dejar fluir de nuestra fuente interior todo
eso que tenemos y que al no poder salir, se estanca, no nos ayuda a crecer sino que se interpone en
nuestro camino.
Ir a un taller de arte, de cerámica, de manualidades, de música, o lo que sientas que sea lo tuyo,
puede ayudarte a crecer, a salir del estancamiento y hasta de la enfermedad. Puede relacionarte con
gente que disfrute con lo mismo, ayudarte a compartir cada semana un momento de conexión profunda
con quien realmente sos...
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Mi experiencia
Alfarería
Cuando era muy chica vi una película en la que alguien trabaja con un torno, y no se que fue
exactamente lo que me impactó tanto, pero desde ese momento supe que era lo que quería para
mi vida. Unos cuantos años después encontré un taller donde aprendí. Ya hace 9 años que vivo
enamorada de la Alfarería, y es el día de hoy que me siento en el torno y siento que la
arcilla es una extensión de mis manos, o que mis manos son una extensión de la pieza, en ese
momento no existe nada mas que yo y el torno, es como si se frenara el mundo, sentir la
pasta entre mis manos, y el movimiento que tiene, al girar es como si bailara...
Además existe el horno, que es parte de mi pasión, donde se hornean las piezas a partir de
800ºC. Ver las llamas moverse, taparlo, destaparlo, sentir que lo puedo controlar y percibir
la fuerza del fuego se me hace algo realmente inexplicable.
Con la Alfarería puedo sentir miles de cosas que jamás imaginé: furia, paz, ternura,
angustia, alegría, pasión, impotencia. A veces no me sale una pieza que intenté durante
mucho tiempo y hasta llego a llorar de la desesperación, como también otras veces tengo un
mal día y al trabajar en el torno (que es algo así como encontrarme conmigo) cambia
totalmente mi estado de ánimo y mi forma de ver las cosas. Creo que lo que pude explicar no
llega ni a la mitad de lo que siento por esto, pero hay cosas que no se pueden llevar a la
mente ni a las palabras, que solo se sienten. Sé muy bien, y realmente lo siento, que hoy mi
vida sin la Alfarería, no sería mi vida.
No crean que es una falta de ortografía, para mi la palabra "Alfarería" va con
mayúscula.
M. Eugenia Poggio

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