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CAMINO DE VIDA


Frases que vengo escuchado de quienes se acercan a las clases a lo largo de los años, y quedaron resonando:


Llegué sintiendo que todo giraba alrededor, me sentía en un lavarropas... Y ahora, en cambio, me siento más centrado. No solucioné todavía las cosas que me preocupan, pero estoy más tranquilo para enfrentarlas.


Sentir... en general, es lo que me cuesta particularmente...


Te van pasando cosas y uno se las guarda, y a veces ni vos sabés qué te pasa.


Me cambiaron los sueños a partir de algunos ejercicios de taichi.


Aprender a centrarme. El Taichi me da seguridad, me siento más firme, por eso el deseo de agregar un día más de práctica, para prolongar la sensación...


Vine para llegar hasta el fondo, y salir a la luz de nuevo. Sino a los 60 me voy a sentir de 90.


No tener que esperar a romperse para quedar en manos de los médicos. Siempre el cuerpo se manifiesta, avisa, pero no lo estamos escuchando. Aprender a sentirme.


No me quiero desconectar de la realidad, para nada. Lo que quiero es estar conectado pero sin este estrés crónico que siento. Quiero vivir la vida, darme cuenta de lo que estoy haciendo.



De eso trata precisamente esta disciplina-arte-ciencia-filosofía- práctica-camino de vida: de animársele al viaje introspectivo que supone zambullirse en lo profundo del cuerpo y la mente, sacudiendo el polvo de los rincones más ocultos, conociéndose, y en ese proceso, desarrollándose, curándose, expandiéndose. Tal vez sea poquito cada vez, pasito a paso, pero suficiente para que muchos que están buscando, empiecen a encontrar. Y los que todavía están buscando una forma más de alienarse y alejarse de sí mismos, se van a llevar una desilusión con el Chi Kung y el Tai Chi, y partirán en busca de actividades en donde la mirada no cometa la impertinencia de dirigirse hacia adentro.


Pero los que llegaron al momento de tomar el toro por las astas y lidiar con los fantasmas internos, descubren pronto que el camino también está lleno de placer, que tiene mucho de juego y aventura, de descubrimiento. Como en todo proceso creativo-terapéutico, es inevitable atravesar la oscura noche del alma, aunque más no sea un tiempo, y enfrentar los espejos rotos, que no siempre nos devuelven la imagen que esperábamos. Explorar los laberintos internos, el camino del héroe, el viaje al centro del mandala, para volver con algo nuevo, y totalmente nuestro. Cuanto más ruidosa y vertiginosa y hacia afuera es la actividad, menos peligro entraña en apariencia. Pero, si los mandalas son mapas del viaje hacia el conocimiento, hacia la visión de la verdadera naturaleza de nosotros mismos, la evasión es el camino hacia los bordes del mandala, hacia el mundo de las apariencias, la letra sin espíritu, la pura materia, la dispersión ansiosa, la atención permanentemente centrifugada. Menos dolor aparente, menos enfrentar los demonios, pero, según dicen los que saben, implica vivir "descentrado", fuera de sí mismo, distraído, lo cual a la larga es vivir a medias, rehén del miedo.


Mandala



En el menos grato viaje hacia el centro, dicen, hacia el sí mismo, hacia el mandato profundo e íntimo, hacia el ¿quién soy?, espera el secreto de la flor dorada. O al menos la mayor plenitud que significa conocernos mejor. Tratar de ser todo lo que somos. Porque todos sabemos que el Miedo de miedos del que somos rehenes de por vida en nuestra cultura es el miedo a la muerte, y a su mejor imitadora: la locura. Y a veces tan sólo exponerse al desequilibrio de algunas posturas de Tai Chi despierta resonancias profundas de control, de tensión por miedo a desequilibrarse, a caer en el vacío, en lo desconocido. Con la práctica de TAICHI y CHI KUNG vamos haciendo conscientes vastas porciones de nuestra sombra, y capitalizamos los cambios, los mínimos triunfos diarios en la secreta épica del pecho ante este nuevo desafío, tan diferente a todo para lo que esta cultura nos viene adiestrando desde hace años, como la forma de respirar o de pararnos.


¿Cómo enmascaro las señales de mi personalidad profunda y privada que obscenamente desnuda mi cuerpo en este proceso de aprendizaje? No puedo. Quedan, por fin, expuestas. Y es que nosotros, que tan bien aprendimos a hacer brillantes malabarismos con los conceptos y palabras para enmascarar los sentimientos profundos, nos encontramos inermes, expuestos, estrenando herramientas nuevas ante estas disciplinas ?nuevas?. Herramientas desconocidas pese a que siempre estuvieron allí y fueron nuestras. Empezamos a ?soltar?, a relajarnos, a perder algunos miedos, a respirar mejor y más profundo, a conectarnos con la tierra, y con nuestro suelo interno, afirmándonos. Nos hacemos testigos de nosotros mismos, ante el lenguaje del cuerpo y la esencia que éste desnuda, que por primera vez escuchamos. Así, empezamos a reparar las grietas que se fueron abriendo con los años entre nuestros deseos más profundos y nuestras acciones. Entre nuestras vocaciones e inquietudes, y las actividades que realizamos a diario. Y así, de lo más superfluo a lo profundo, vamos acercándonos a nuestra esencia verdadera, y eso, obviamente, nos vuelve más reales, más auténticos, más vivos.




Escrito por Gustavo Villar



Blog: El Centro




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