En esto de vivir , pocas veces reparamos que toda la vida es movimiento , vibración, cambio.
Desde que nacemos hasta que termina nuestra existencia, hay continuo movimiento. Incluso en nuestra quietud, en el descanso, en el sueño , el movimiento no cesa.
Nos movemos de muchísimas maneras:
Hay movimientos grandes, movimientos casi imperceptibles, hacia afuera , hacia adentro, desde afuera, desde adentro.
Movimientos voluntarios, movimientos reflejos, movimientos que ni registramos o ni los pensamos como movimientos:
nuestra respiración, un llanto en un momento triste o conmovedor, nuestra digestión en todo su proceso, un latido más fuerte cuando algo nos emociona, el resolver un cálculo complejo, el pensar, el recordar , el utilizar la fuerza y la dirección justa para tomar una lapicera y escribir lo que queremos decir, el leer, o levantar el tenedor para comer aquel bocado que nos va a nutrir, el relajarnos para llegar a un estado de meditación profunda, el dormir, el bailar, el amar, el cantar.
Y aunque hay similitudes en estas acciones, cada persona las hace de manera diferente, única y especial.
Cada uno se mueve de acuerdo a su propia estructura, a su herencia biológica, cultural, al contexto, a la circunstancia.
Nuestras emociones, pensamientos, sentimientos y acciones conviven y se interrelacionan de manera que no existen los unos sin los otros.
Todo es movimiento y ,por ello, desde nuestra postura, respiración, tono muscular, comodidad o incomodidad visceral, sensaciones al movernos será el cómo experimentamos nuestra vida.
La manera de moverse de una persona no es algo inamovible.
Nuestro sistema nervioso puede reaprender y reconfigurar nuestros patrones independientemente de la edad, del estado de salud de la persona.
La vida también es permanente aprendizaje.
Podemos, desde el movimiento, tomar conciencia de nuestro repertorio de patrones y, desde allí, reorganizarnos a nosotros mismos en todos los aspectos.
Eso es lo que hace el Método Feldenkrais, un sistema revolucionario de educación desde el movimiento, que tiene en cuenta ese cuerpo viviente, la persona toda, dentro de su ambiente, su conciencia corporal y su capacidad de aprendizaje, para que llegue a accionar de manera eficiente, integrada, con mayor placer, expresión y menos desgaste y dolor.
El Método Feldenkrais integra en su abordaje la experiencia y el conocimiento de la física del cuerpo humano en relación a la gravedad, la biomecánica, las bases neurológicas del aprendizaje y modernos enfoques del comportamiento, la percepción y el desarrollo humanos.
En definitiva, lo que se busca a través de este trabajo de autoconciencia a través del movimiento es llegar a ser quien cada uno es y poder ir conociendo y desplegando posibilidades y recursos propios.
Si la vida es movimiento, podemos utilizar el movimiento para cambiar o mejorar nuestra manera de vivir.
Escrito por Rosa Schabelman
rschabelman@gmail.com