Percibo a las hadas como unos seres juguetones que aparecen en nuestras vidas para
ayudarnos a cambiar algún aspecto de nuestro intocable sistema de valores o al menos, a
entender otros puntos de vista (desde el punto de ampliar
considerablemente nuestra estrecha perspectiva), independientemente de que los
compartamos, pues entender no significa aprobar o dar nuestro consentimiento.
Para ello, colocan a un individuo con estrechez de miras en ambos lados de la balanza,
eso implica que será capaz de analizar un problema desde bandos opuestos y eso,
lógicamente, transforma y convierte al individuo en un ser más justo y equitativo porque
aprende a analizar un conflicto desde todas las posiciones implicadas. De este modo, el
sujeto se torna empático. Sin embargo, aprobar esta lección implicará una etapa de dolor
emocional, como todo cambio trascendental en la vida, que desaparecerá como por arte de
magia cuando lo aceptemos, lo superemos y podamos aplicar el nuevo conocimiento
adquirido desde una postura mental más aperturista y tolerante. De hecho, la plenitud
personal pasa por la adquisición de ciertos conceptos básicos, sin los cuales es
imposible llegar a un grado elevado de madurez y bienestar personal o sentirse a gusto
con uno mismo.

Es difícil visualizar a las hadas y los ángeles. Las hadas sólo se acercan a personas
muy sensibles y especiales, que saben valorarlas para aportar algo de fantasía a su
aburrida realidad y ayudarlas a expansionarse. Además, ellas les enseñan que lo mejor no
necesariamente está en las cosas estables ?tal y como nos han inculcado siempre-, sino
que puede estar perfectamente en las transitorias y que ello se llama ?aprovechar la
ocasión y sacarle todo el zumo?. De hecho, la inmensa mayoría de los acontecimientos que
vivimos en nuestra vida son meramente temporales.
Trabajar con el arcángel Uriel abrirá las puertas al Reino de las Hadas. Desde el
momento en que se es capaz de percibirlas, el individuo puede ser sensible a la
clarividencia y, por tanto, ser capaz de interpretar cartas de adivinación. Sentirlas
consigue activar la intuición al máximo.
Con ellas se vive el amor como un sentimiento libre e intenso cuya emoción todos
tenemos derecho a sentir a flor de piel en sus diversas formas. Sin embargo, a
través de ellas se percibe que la vida no tiene ningún sentido sin la autenticidad y el
placer por las cosas más simples, aquellas que hacen valorar hasta el más pequeño de los
detalles, algo que ellas transmiten constantemente, imagino que por su vínculo con la
sabiduría de la naturaleza y de las emociones. Por tanto, lo mejor de la vida no se
puede comprar y suele aparecer gracias a nuestra fe y a nuestra capacidad de pensamiento
positivo, pero para ello es necesario abrir nuestra mente y comprender que las cosas no
tienen porqué ser complicadas, por lo que no debemos darle vueltas a las cosas, sino
simplemente aceptar y afrontar los hechos. Esto nos ayudará a ver a nuestros semejantes
tal y como son realmente y no como nosotros quisiéramos que fueran. Una vez integrado
este concepto, nos será más sencillo no tratar de cambiar a las personas, sino cambiar
nosotros, si la situación lo merece.
La autenticidad pasa por aprender a rodearse de personas que nos nutran y nos
enriquezcan, sabiendo desechar a las personas falsas y llenas de prejuicios (si está en
nuestra mano) y, si es necesario, tener la valentía de saber enfrentarse a una soledad
transitoria que nos llevará a conocernos a nosotros mismos, a hacer ejercicios de
introspección (meditación, reflexión) y, de este modo, a tener claro qué es lo que
realmente queremos y, más adelante, abrir nuevas puertas inesperadas en nuestro paso por
la vida, habiendo adquirido un mayor grado de conocimiento interior. Además, si se
acepta seguir su reto, en cierta manera, ellas protegen a quien esté preparado para
recibirlas? aunque, a veces, ¡hay que pararles los pies!. El individuo debe saber
discernir la fantasía de la realidad.
No obstante, si no podemos apartar a personas que no nos convienen, significará que
ellas tienen algo que enseñarnos y hasta que no asimilemos la lección, éstas no
desaparecerán o cambiarán de actitud.
A diferencia de los ángeles, las hadas más que con la paz del espíritu,
tienen que ver con la transformación personal y con el hecho de descubrir que las cosas
no son siempre blanco o negro o al menos no lo que parecen a primera vista y, sobre
todo, que de algo que podemos juzgar como no muy bueno, se puede obtener lo
mejor. Y, que, además, la existencia está llena de cosas no planeadas, esos
regalos que a veces nos envían ellas, esos seres tan transgresores, que cuestionan la
realidad de las situaciones y que enseñan que a veces es necesario replantear y
modificar viejos conceptos para no anclarnos en posturas radicales y obsoletas. De los
diversos "aprietos" en que ellas nos coloquen, aprenderemos a estar libres de prejuicios
y dispondremos de los elementos de juicio necesarios para valorar y reconocer cosas tan
distintas como la justicia o la hipocresía.
Escrito por María Jesús Verdú Sacases
Blog: Zona
Iluminada
www.mjesusverdu.com
El contenido de www.mjesusverdu.com es creación y propiedad de la autora y está
inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual. Todos los derechos
reservados. Las imágenes son de la red.

|