Cuando contemplamos a alguien o a algo lo solemos hacer a través de las creencias, muchas
de las cuales nuestra parte consciente ni siquiera reconoce. Estas ?habitaciones? de
nuestra mente actúan en conjunto como un prisma que recibe la luz y la descompone en
colores. De esta forma, cuando alguien se dirige a nosotros su mensaje se trocea y se
distribuye por toda nuestra casa mental, a una velocidad tan increíble que el fenómeno
nos pasa desapercibido.
El ?arco iris? es una creación de la persona y de la cultura en la que ésta se encuentre
sumergida. Así, los colores con los que los demás nos perciben pueden ser muy
variopintos. También cuando nos miramos a nosotros mismos empleamos este prisma, y
dependiendo de la tonalidad del espectro en la que nos fijemos, así nos juzgaremos. En
ambos casos nos hemos separado de la luz blanca, nuestra esencia.

¿Qué pasaría si apartásemos por un momento este prisma y dejásemos libre a nuestra
mirada?? Tal vez la luz pura, desnuda, nos deslumbrase, mirar a una persona sería como
dirigir nuestro ojos directamente al Sol?
¿Podríamos usar unas gafas que disminuyesen su intensidad sin perder su pureza? De esta
manera, sería posible recibir a la otra persona fuera de nuestras ideas preconcebidas,
en el jardín de nuestra casa mental, a cielo abierto, disfrutando de la naturaleza que
todos los seres vivos compartimos. ¿Qué te parece la propuesta, amigo lector??
En el ?jardín? la comunicación se impregna de la magia del entorno y se aleja del
cerrajón de las habitaciones interiores. Las palabras fluyen sin juicios, los silencios
quedan embellecidos por el ambiente. El aire es más puro? y siempre podemos descansar
nuestra mirada hundiéndola en el cielo. El habla se torna riqueza, el corazón
disfruta?
¿Qué te parece si fuésemos arreglando nuestros jardines? si comenzásemos a soñar en estos
encuentros mágicos? ¡Tenemos tanto que vivir a cielo abierto!
Pero? ¿cómo aprender a retirar primero el prisma de nuestra mirada? Hay múltiples
caminos?
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Escrito por Carlos
González
Blog: LA DANZA
DE LA VIDA

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